La buena alimentación es pilar fundamental para el crecimiento sano del niño. Si el niño está o no bien alimentado durante los primeros años de vida, puede tener un efecto profundo en su salud, así como en su habilidad para aprender, para comunicarse, para pensar analíticamente, para socializarse afectivamente y para adaptarse a nuevos ambientes, personas y situaciones. 

En la alimentación del niño, la leche materna es el mejor alimento que se puede ofrecer a un recién nacido. No solo por su composición sino también por el vínculo afectivo que se establece entre la madre y el niño durante el acto de amamantar. La leche materna contiene todos los nutrientes que el niño necesita durante sus primeros meses, además lo protege frente a muchas enfermedades, pero a partir de los 6 meses de edad los requerimientos nutricionales del niño cambian y se hace necesario incluir alimentos en diferentes preparaciones. 

Entre los alimentos que se deben incluir se encuentran las carnes (proteínas de origen animal). En este grupo se incluyen las carnes rojas, las aves, el pescado, los huevos, el queso. Los alimentos del grupo de las carnes o su equivalente brindan proteínas de alto valor biológico, hierro, vitaminas del complejo B (tiamina, riboflavina, niacina) y otros nutrientes. 

En la introducción en la alimentación del niño en general se ofrece el pollo en primer lugar, a partir del sexto mes, por su mejor digestibilidad. El pollo está considerado como carne magra porque contiene menos de un 10% de grasa en su composición. Las distintas partes de esta ave aportan diferentes cantidades de nutrientes. Así, la pechuga de pollo es la parte del ave que contiene una menor proporción de ácidos grasos saturados y de colesterol, pero una mayor cantidad de proteínas, ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, siendo la parte con mayor tejido magro de ave. 

El pollo es además una buena fuente de fósforo, pues es uno de los minerales presentes en mayor proporción en nuestros tejidos, forma parte de todas las membranas celulares, sobre todo en los tejidos cerebrales, y participa en el mantenimiento de huesos y dientes, por lo que es importante ingerirlo junto a otros nutrientes. 

La carne de pollo aporta vitamina B6 o piridoxina, que ayuda a mantener la función normal de nuestro cerebro, y participa en la formación de glóbulos rojos. El pollo aporta también ácido fólico, este, se relaciona con la formación de glóbulos rojos, su deficiencia se asocia con un aumento del riesgo cardiovascular. También se reporta que el contenido en el pollo de la antioxidante vitamina E, no es despreciable en comparación con otros tipos de carne. 

Contiene también hierro, mineral necesario para el buen funcionamiento del sistema inmunológico y la formación de la hemoglobina que transporta el oxígeno en la sangre. 

La carne de pollo aporta poca carga calórica y colesterol, por lo que su ingesta se recomienda a diversos grupos de población y en diferentes dietas terapéuticas. La carne roja no contiene más proteínas que el pollo. Sus aportes proteicos son similares. El pollo se destaca por su alto contenido en vitamina B3 y ácido fólico. 

Para asegurar que los niños están comiendo los alimentos correctos, debemos fomentar buenos hábitos de alimentación, los niños de corta edad necesitan tres comidas regulares más una o dos pequeñas, planificar el horario, de tal forma que no queden demasiado cerca de los horarios de las comidas principales y las pequeñas, escoger comidas de los diferentes grupos alimentarios, enseñar buenos hábitos de ejercicio con el ejemplo y disfrutar las comidas con los niños.